¿Quién es el Flojo?

Empecemos por lo obvio: usted es usted y yo soy soy. ¿’Tá claro? Bien: veo que nos vamos entendiendo. Como usted sabe quien es usted (y si no lo sabe, le puedo recomendar un buen psicólogo a la vez que le digo que puede que esté en el sitio web correcto), lo único que queda por dilucidar es quién soy yo. Me llamo Fabrizio J. Castro. La J esconde un nombre que sólo un minúsculo séquito de personas conoce y al que solo se puede acceder mediante rituales de iniciación escabrosos y polémicos para luego decirme: «¡Joel, te fuiste al carajo!».

En fin, soy un porteño autoexiliado en las Europas que extraña su casa. ¡Mucho! Vivo en España hace más de quince años, pero todavía me puede el olor a milanesa, las medialunas con un cortadito y la grande de muzza con masa de cuatro o cinco centímetros de espesor. Si pudiese elegir un superpoder, sería el de materializarme en Las Cuartetas todos los miércoles por la noche para agasajarme con un banquete de reyes que consiste en una porción de muzza, una napolitana y una faina (o fainá, aunque a mí me gusta más sin la tilde). El maridaje perfecto: una coquita. Pero no se puede: ni tengo superpoderes, ni su sustituo realista llamado «mucha guita para comprar pasajes aéreos todo el tiempo». Así que solo tengo una forma de estar en cuerpo acá y en alma allá: escribiendo, leyendo, divagando.

FlojoDePelpas nació hace ya varios años. Juraría que casi unos diez (estoy escribiendo esto en junio de 2026). Es un rejunte de esos raptos de inspiración que me pusieron delante de una computadora a escribir sobre historias que no sucedieron, muchas veces mezcladas con atisbos de algo real o, al menos, de lo que quedó plantado en mi cabeza como recuerdo (eso ya puede diferir un poco de los hechos verídicos). Hay historias graciosas, algunas un poco tristes, otras que son anécdotas reales infladas por la verborragia de un porteño y pequeños homenajes a esos conjuntos de letras que construyeron frases que de alguna u otra manera me marcaron.

En fin, es un blog literario. Andá a leer… ¡y escribime! Si algo de todo lo que encontraste por acá te interpela, te gusta, te desagrada o simplemente te despierta algo, decimelo por mail, carta o fax: al fin y al cabo, a mí también me gusta leer.

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